Visitante Número

25957408

Tu IP es: 54.80.5.2
Server Time: 2017-07-25 18:46:56
Thursday, 23 July 2015 by

Crónica de un asesinato

Crónica de un asesinato

A veces, es difícil narrar un hecho inhumano, con altos índices de violencia y sadismo, además de la alevosía y premeditación, la cobardía con que se ejecutó esta atrocidad hacia una guapa y juvenil adolecente, quien apenas comenzaba a gustar de los bellos colores que le obsequiaba la vida, misma que le arrebatan con crueldad, sin miramiento alguno, sin un dejo de misericordia ni de piedad por parte de su ejecutor, habla de la descomposición social que vivimos en la actualidad. Esta historia está basada en una ficción, cualquier parecido de los personajes y el entorno que vivieron, no es una mera coincidencia. Dado que miles de familias han pasado por este calvario al sufrir el secuestro de algún familiar. 

 

La pesadilla empieza

Esta aberrante historia da principio con el agotador peregrinar de la señora Emma, quien es la dolida y abnegada madre de Fabiola. La familia está compuesta por su esposo y sus tres hijos (ahora dos) viven por los rumbos del fraccionamiento Costa Azul, perteneciente a territorio mexiquense. Manifiesta la madre que el día catorce de diciembre del año pasado, siendo aproximadamente las doce horas, su hija Fabiola, quien contaba con la edad de 16 años, se dirigió a la escuela preparatoria donde cursaba el primer semestre, dicha escuela está ubicada dentro de las instalaciones de la universidad de Santo Tomas, la cual se encuentra en la colonia el Porvenir. Pasado un tiempo, supo la familia que su hija nunca llego a la escuela, por tal motivo la madre sin miramiento alguno se angustia de sobremanera, un ligero temor se anida en su corazón,  su sentido de madre se convulsiona y explota en constantes interrogantes; todas giran en torno al paradero de su hija, teme que algo malo le haya pasado. 

Pasan las horas sin prisa y más se acreciente la incertidumbre, sin desearlo, llega la tarde y con ella la noche, el reloj marca las 20:00 horas, la hora de costumbre de llegar a casa, Fabiola no llega… 

Las horas siguen desfilando sin esperar nada a cambio, el silencio es abrumador, las 20:30 horas, las 21:00 horas, tic tac, tic tac… es el sonido que desprende el reloj de la pared. La desesperación envuelve y asfixia a los integrantes de la familia, es especial a los padres, por lo que deciden ir a la escuela de su hija, buscar en los alrededores, en las tiendas preguntando por alumnos que suelen beber en las cantinas clandestinas del traspatio de las tiendas, pero no hay nada abierto, no hay alumnos a quien preguntar, regresan a casa con más desesperación que incertidumbre,  destilando cierto grado de temor disfrazado de esperanza.

Ese mismo día, poco antes de la media noche, repentinamente suena el teléfono olvidado de Fabiola en su recamara, su hermana Nancy alcanza a escucharlo, pero solo un vez timbro, lo busca hasta por debajo de la cama, pero lo haya en el ropero, era un mensaje, sin dudarlo baja de prisa a la sala, tropezando y agitada, se lo entrega a la madre indicándole que se trataba del celular de su hermana y que acababa de llegar un mensaje, lo leen. Se trataba de la mejor amiga de Fabis. El texto pedía una explicación al destinatario del por qué no había ido a la escuela, la madre obtiene el numero e inmediatamente llama, la amiga le confirma el texto enviado, no se presentó a la escuela, no sabía más.

Al día siguiente, parte la familia rumbo a la escuela, donde le preguntan a la orientadora por su hija, de nueva cuenta esta le informa que Fabiola no se había presentado a clases.

En ese momento, la señora Emma decide preguntarle sobre la conducta de su hija dentro de las instalaciones de la escuela, la orientadora en una forma muy cortes le contesta: su hija es una persona muy seria, casi no cuenta con amigos y agrega que no tenía novio o eso saben.

Poco tiempo después, para calmar un poco la ansiedad de los padres, la amable orientadora manda a llamar a los profesores de las diferentes materias a quienes cuestiona si la jovencita se había presentado a sus clases, estos niegan que haya asistido.

De inmediato, nerviosos, angustiados y a la vez impotentes, los familiares deciden a toda prisa ir a buscarla y preguntar por todos lados sobre todo a las amigas, conocidos, a todas las personas que veían en su angustioso peregrinar, secamente estos le informan que no la habían visto o fríamente decían que no la conocían.

Por lo que deciden ir a la comandancia  de la policía municipal, donde hacen el reporte y dejan una fotografía, pasadas las horas eternas de incertidumbre, una persona les informa que su hija tiene novio, el cual tiene su domicilio por los rumbos del fraccionamiento Vista Verde, al norte de la ciudad, de inmediato y con los ojos de esperanza, deciden investigar por su cuenta logrando dar con el domicilio de este supuesto novio, al llegar a dicho domicilio, son atendidos por la madre de este joven, inclusive y en atención a la señora Emma, les permite que revisen al interior de la casa, para que cercioren que su hija no se encuentra ahí; tristes y cabizbajos, llenos de impotencia por no poder localizar a su hija, se retiran empapados de pensamientos negativos.

De nueva cuenta otra persona les informa que habían visto a su hija por el rumbo del Pocito, lugar de regocijo entre la juventud, además, que la vieron de la mano con un joven.  Una vez más sus ojos se inundan de esperanza y su corazón de ilusión, de prisa y sin perder tiempo, deciden trasladarse a dicho lugar y comienzan a investigar, a preguntar con foto en mano a los conductores de taxis, en los locales, a todas las personas que se les cruzan en el camino así como a los vendedores ambulantes. Parece que todo mundo se pone de acuerdo escupiendo las palabras que no deseaban escuchar: nadie la había visto.

Frustrados y desilusionados, afligidos de nueva cuenta, se llevan la incertidumbre a sus pensamientos, su impotencia pesa como un costal con toneladas de interrogantes, la pregunta menos dolorosa ¿Dónde estará? Horas más tarde, en la sala del hogar, se ponen a recordar, platican que extrañan a su hija, su sonrisa, sus puntadas de adolecente, hasta su manera de hablar y de enojarse. La melancolía aflora en el ambiente desolado, donde hasta el respirar se vuelve espinoso. Han pasado dos días desde la última vez que la vieron sonreír.

 

Recuento de los daños

Los días pasan, llega el 16 de diciembre y en acuerdo familiar deciden ir a levantar el acta correspondiente ante el ministerio público de la localidad. Posteriormente continúan con el amargo y pesado ataúd de incertidumbre sobre sus espaldas. Otro conocido les dice con total tranquilidad y seguridad que vio a su hija por las Cascadas, incluso, les manifiesta que la observo muy despreocupada. De inmediato se trasladan al balneario donde comienzan a preguntar por ella con foto en mano, pero nadie les da razón, por lo que después de un angustioso rato, optaron por regresar a casa, con más dolor y tristeza en sus rostros. En ningún lado obtienen una respuesta favorable que ayude a apaciguar la incertidumbre que bloquea sus pensamientos. Los nervios se empiezan apoderar de sus desconsolados cuerpos. Las noches les saben a dolor y los sueños empiezan a jugar con el destino de su hija.

Los siguientes días son sábado, domingo y lunes, la señora Emma decide en compañía de sus familiares ir a pegar carteles, donde están impresas las características físicas de su hija, acompañados de una fotografía, tapizando por completo el municipio, siempre con el deseo ferviente de que alguna persona les proporcione algún dato que ayude a encontrar y dar con el paradero de Fabis.

Día 22 de diciembre, la señora Emma recibe una llamada a su teléfono particular, donde una amiga de su hija, con voz entrecortada y miedosa, le manifiesta que había un señor que la molestaba, la acosaba constantemente, pero no sabe darle más datos de quien era esta persona, por lo tanto, no aporta ningún dato consistente que la lleve a la localización de este sujeto.

No obstante, la señora Emma en compañía de sus familiares se trasladan al Distrito Federal, al Centro de Atención a Personas Extraviadas, donde les hacen saber que recibirán todo el apoyo necesario para la localización de su hija.

Llega el 24 de diciembre del mismo año. Día de convivencia y regocijo para la mayoría de las familias, no así para la hermana y madre las cuales deciden trasladarse y visitar  cada uno de los Centros de Atención a Personas Extraviadas diseminados por toda la ciudad, lo hacen de forma separada para abarcar más su campo de búsqueda, sin obtener algún resultado positivo.

Día 25 de diciembre (navidad) la señora decide permanecer en su hogar en compañía de su familia, pero no pierde el tiempo y comienza a preguntar vía telefónica a todos sus familiares lejanos, una vez mas no obtiene una respuesta favorable.

 Día 26 de diciembre, la señora en compañía de su esposo regresan nuevamente a la escuela pero se encuentra cerrada por motivo de las fiestas de fin de año, por lo que deciden seguir distribuyendo más carteles en el municipio.

Día 28, continua la rutina, pegar carteles e indagando.

 

La verdad es cruel

Aparece el día trágico, lleno de lágrimas, de angustia y desesperación.

29 de diciembre, en compañía de sus hijos y esposo, deciden ir al Distrito Federal, cuando se encontraban en socorrida calle del centro de la ciudad, la señora Emma recibe una llamada telefónica que por siempre se quedara grabada, tatuada en sus pensamientos y sentimientos de madre.

La llamada la hacía directamente su cuñada, misma que le comunicaba el trágico y fatal desenlace, informándole que encontraron el cuerpo de su hija, por ende le pide que regrese de inmediato por que la necesitaban las autoridades.

Emma sintió que el mundo se le venía encima, las piernas le temblaban y la voz se esfumo, no daba crédito a las lapabras que había escuchado de su cuñada por el auricular, un fuerte dolor oprimió con fuerza su cuerpo, que a la ves lastimaba sus entrañas, su ser. Era una certera y vil puñalada que recibía su corazón. No hicieron falta las palabras, sus lágrimas y palidez fueron suficientes para informarle a su familia el contenido de la llamada.

De inmediato la familia decide alquilar un taxi, deseando que el auto tuviera alas, querían surcar los aires, querían llegar lo antes posible, la urgencia de llegar pronto, era brutal.

No había nadie más idóneo que ella para cerciorarse con sus propios ojos que no era verdad, que todo era una vil mentira, pero sus sentimientos de madre le indicaban otra realidad.

Por fin llegan al fraccionamiento Costa Azul, lugar de los hechos en la vieja construcción inconclusa, que ironía, a tres cuadras de su domicilio. Estando ahí, la señora Emma desconcertada, no la dejan identificar el cuerpo, solo se limitan a informarle que hay unos restos óseos que al parecer son de su hija, ya que las ropas y pertenencias que dio en la descripción, así lo indicaban.

Por lo que se traslada en compañía de su familia al centro de justicia de la localidad. Dirigiéndose especialmente con el agente de homicidios dolosos, este le indica que tiene que identificar los restos humanos que se encuentran sobre una plancha anatómica del anfiteatro.

Se encamino siguiendo los pasos del agente, este la lleva a una sala muy atrás de las oficinas de atención ciudadana, cruzando los laberintos de las instalaciones llega a su peor pesadilla. El agente abre la puerta e inmediatamente la señora Emma enmudecida ve los restos, los reconoce como los de su hija, no había duda, era Fabiola.

El dolor y las lágrimas llegaron como centellas, se apoderaron de su corazón y nuevamente sus ojos cansados se ahogaron en un mar violento de lágrimas mudas, no había palabras de consuelo, no existían.

 

Venganza consumada

Minutos mas tarde y sin dejar pasar el shock traumático, le informan sin tacto que su hija fue violada y asesinada en el lugar de los hechos por múltiples contusiones ocasionadas por una varilla de 1/8, además y por si esto no fuera lo suficientemente aterrador, le informan a secas e insensiblemente que el cuerpo había sido devorado en su mayoría por los perros.

Con desconcierto tatuado al rostro, balbuceando pidió prudencia al insensible agente. Aún era prematuro pedir la verdad y muy cruel dársela de tajo, de aquellos que formando parte de la humanidad, masacraron sin piedad a su indefensa hija.

Las horas siguieron pasando como pesadillas letargas succionando el inconsciente. Y cuando todo parecía terminar, cuando empezaba a asomarse la cordura después del shock traumático de la cual fue objeto y pensando que nada podía ser más atroz que ver los restos del cuerpo de su hija devorado por los perros de la calle donde fue hallada, su celular timbro con el sonido característico de los mensajes, lo miro indiferente, con un vacío inexpresable, ya nada le importaba.

Leyó en silencio el mensaje, al mismo tiempo nacían con fluidez múltiples lágrimas de desconcierto. Su rostro palideció, sus gestos se esfumaron. Las ultimas fibras de fuerza que poseía se desquebrajaron cual viles tallos de delicadas flores, desplomándose de golpe. Su cuerpo yacía tirado cual vil muñeca de trapo, amorfo. Su semblante inconsciente fue de un terror absoluto. 

El celular fue a botar rodando hasta los pies de Nancy, la menor de sus hijas, girando aun en círculos hasta que se detuvo, solo entonces la pequeña leyó:

H0L4 3MM4 K 4NGU571A C 513N73 350 M15M0 S3N71 CU4ND0 M3 N364573 4L P4P4 D M1 H1J4 K N0 73 1MP0R70 C MUR13R4 T0D0 C P464 3N 3574 V1D4 C0N L4 M15MA M0N3D4…

DR CTZM